La intensidad del acontecimiento: escrituras y relatos en torno a la performance en Chile

La intensidad del acontecimiento. 26 las que Rabanal tematiza su propia biografía, de manera de “saldar cuentas” con aquel que, según el psicoanálisis clásico, se consigna objeto de la deuda: el Padre. En este caso, el imperativo freudiano del parricidio y la culpa son desarmados al exhibir la fragilidad sobre la que se sustenta el poder filio-patriarcal. Las identidades y roles auto-afirmativos sucumben ante la imposición concreta de la norma sobre el cuerpo, la norma reforma y deforma el cuerpo, tatuándolo para siempre. El cuerpo se trasvierte así, en soporte de la huella de la fragilidad de la propia ley, la que, apenas un momento antes, intentaba a través de la violencia formadora someter al primero. La acción comienza con el ingreso de Santos Rubio, conocido payador de Pirque - ciego de nacimiento – quien toma asiento en un extremo frente a frente al padre de Rabanal, un hombre de campo semi-analfabeto. Entonces, mientras el cantor ejecuta sus décimas, el padre inicia la lectura de una de las lecciones del un atávico silabario. Apretado como en un pupitre, su lengua trastabilla y una cámara o dos sin piedad graban su ejecución imperfecta. El balbuceo avergonzado se amplifica por obra de las seis pantallas que circundan el espacio de la performance. Los planos en movimiento devienen encuadres policíacos de modo que los que observamos nos transformamos en vigilantes del error, en evaluadores de una suerte de fragilidad. Mientras esto sucede el cantor prosigue con sus décimas sin detenerse. Ahí están los dos hombres de campo uno ciego de vista el otro ciego de habla - no obstante ambos algo tienen que decir - Canto a lo divino y canto a lo humano. Ahora es el turno del hijo. El hijo toma el lugar del padre como “ha de esperarse siempre”; el hijo cuyo seudónimo Rabanal remeda el segundo apellido del padre: la madre de su padre, su abuela. Es el hijo ahora quien rinde examen ante sus propios hijos (los nietos). Reiteración de esta escena primigenia. Se da inicio a la lectura trémula del hijo y mientras sucede, sus hijos (los nietos) desarrollan dos acciones: la primera consiste en intentar picar los dedos de Rabanal expuestos sobre el pupitre con la punta afilada de lápices grafitos emulando el símil que hacen los vaqueros o piratas con sus navajas. Lo dedos son constantemente heridos, pero los hijos no dejan de punzar. A continuación, vendan sus brazos y

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