La intensidad del acontecimiento: escrituras y relatos en torno a la performance en Chile
103 que precisamente es conquistado a parir de la separación entre las condiciones materiales de existencia y la representación de la autonomía. Ahora bien, esa separación y distancia del sujeto para con su cuerpo, es el producto histórico del progresivo desarrollo de la autonomía; autonomía que no significa otra cosa más que la condición de posibilidad del sometimiento productivo del cuerpo. La subordinación de la subjetividad al fuero interno de su autonomía, no tiene por qué conllevar a que comprendamos el cuerpo como un espacio de negación sin más. El problema es aún más complejo, pues la valoración de autonomía que trae el desarrollo progresivo de la subjetividad, implica una negación del cuerpo, pero dicha negación no puede ser juzgada como un simple “ ir a pérdida ” del cuerpo; pues, el cuerpo no desempeña un papel pasivo en la relegación de la que es parte en el proceso de la autonomía. Es más, podríamos decir que el primer poder de la subjetividad es el poder sobre el cuerpo, el poder de separarse de él y poder apreciarlo en la distancia, como su condición de existencia material. En este sentido, la separación entre el cuerpo (como representante de las condiciones materiales de existencia) y la autonomía de la subjetividad, se presenta como una separación interna ejercida sobre la propia subjetividad; pues sólo a partir de ella, o sea, de la autonomía de la separación, el problema de sus condiciones materiales de existencia cobran el carácter de un problema político. Digámoslo de una vez: el primer trabajo de la ideología es la separación . Y difícilmente hay otro ejemplo más importante para la historia de la subjetividad o la historia de los modos de subjetivación, que el de la separación entre cuerpo y alma. Toda la tradiciónmoderna de la filosófica, o sea, la inaugurada por la supremacía del cogito cartesiano; se inicia con una separación fundamental, por una parte la sabia dirección del alma y, por otra, el adecuado padecimiento del cuerpo. Pensar la emergencia del sujeto desde la supremacía irrestricta de la razón en el alma, es asumirlo en calidad de soberano. Soberanía de una subjetividad que centra todo su poder, en el poder fundante de la separación del alma respecto al cuerpo. De tal forma, el sujeto como soberano de sí, sólo es posible a partir de la separación de su cuerpo como potencia, es decir, como capacidad deseante de afectar y ser afectado. Desde la separación de su potencia corporal, la subjetividad moderna vive como soberana del alma, la conciencia, el espíritu o cualquiera sea el nombre César Vargas
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