Esos grandes detalles: 92 relatos escritos durante la pandemia

285 Que no son de poder, no quiero cargos Esos ya los tengo sublimados Me hicieron entender a cachetadas… Era volviendo hacia dentro Buscar en mi propio abismo: El Ministerio de mí mismo. 6/septiembre/2019 “Desbastada” Estoy devastado. Mejor dicho, desbastada. Me gusta ese juego de palabras. Sin basta. O sin decir “¡basta!” (leí lo que escribí anoche y me causa mucha gracia: una sarta de incongruencias, y eso es parte de mi agote de la semana). Decir que no tengo basta es algo no menor, porque es parte de lo que me constituye: no tener un borde claro, soy como un trozo de tela que no tiene un dobladillo, y una costura que la demarque. Pero tiendo a querer ese doblez, ese enmarcamiento que quieren todos. Hoy la Gaby me decía que no tenía buena cara, y me da lata, porque disfruto esa clase, la disfruto como si fuera “su ayudante”. Soy bueno para bajar un escalón y mirar para arriba. Creo que puedo ser un buen empleado, me resulta estar a disposición de un jefe, alguien que decida o corte por mí. Estoy devastada, cansada, destruida, sigo empujando mis cosas, ya no sé para donde van mis rumbos, no doy más con esto. ¿A dónde irá a terminar todo? Hubo un tiempo en que era todo más claro, hoy ya no sé para dónde va la micro. Estoy como desarmada, todos los días arriba de la pelota, una tela sin borde cosido, así, deshilachándose, hebra por hebra, hilo por hilo, hasta que no quede nada. 11/octubre/2019 Compartidas Después de un día a las correderas, y con varios acontecimientos en el cuerpo y en mi cabeza, decidí partir a ver la obra de la Mellado. Iba caminando a mi casa, de hecho, y me fui a la Sala Santa Elena. Fui con un poco de pena y con esa sensación de algo en lo que estuve y dejé inconcluso. La obra estaba linda y lo chistoso es que hasta bailé, decidí hacerlo. Lo justo y necesario, pero lo hice. Y estuvo lindo, lo disfruté y lo hice sutilmente, sin aspavientos, “aceptar la propuesta” como dicen en Impro . Y creo que fue llevar algo mío a ese lugar. Lo sentí como una suerte de despedida, sentí mucha nostalgia. Con la Vero Canales me pegué mi llorada. Cuando hizo su parte, llamaba a seguirla y se hacía una suerte de eco con los otros, esos que replicaban y competían con ella y se producían una serie de desplazamientos: éramos como libélulas o polillas, mejor dicho. Qué bonito eso de mirarse. Cuando dijo “este es mi lugar” un puñal de verdad atravesó mi pecho. Eso que yo he andado buscando este año (y en mi vida): el lugar propio, el nicho, y no lo he encontrado. Y ahí están los ecos, quitándome eso que consideraba mío.

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