Esos grandes detalles: 92 relatos escritos durante la pandemia

280 Cada domingo a las 11 de la mañana, el permiso para ir a la feria, única salida regular. Llegando a Av. Grecia: el ejercito parando los autos, metralleta en mano (¿van a matar el virus a tiros?). A veces, cruzando el semáforo peatonal, la Policía de Investigaciones controla mi permiso (no tienen metralleta, ¿error de protocolo?). En la feria pocas/os vendedores, pocas/ os compradores. Frutas y verduras tan frescas como antes, un poco mas caras no más. En general, se mantiene distancias reglamentarias. La municipalidad ha pintada una línea amarilla en una distancia de 80 centímetros frente a los puestos. Los vendedores de quesos y huevos han instalados barreras transparentes de acrílico. La mascarilla de tela lavable pica en la nariz. El aliento, saliendo entre máscara y piel de la cara, empaña los lentes. De vuelta a casa el ritual: [a] dejar toda la fruta y verdura en baldes con agua y cloro, [b] sacarse la ropa exterior (incl. mascarilla) y depositarla en la lavadora, [c] ducharse, vestirse con ropa lavada la semana anterior, [d] sacar frutas y verduras de los baldes, lavarlas con agua limpia y dejar que se sequen en mesones especialmente instalados en el garaje, cubiertos con toallas viejas pero limpias, [e] tomar el primer café capuchino del día, entregar informe sobre precios, calidad y comportamiento de las autoridades a mi esposa, [f] lavar la ropa sucia, 60 minutos más tarde: colgarla,

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