Esos grandes detalles: 92 relatos escritos durante la pandemia
271 La pérdida del tacto Paulina Olguín Artista Siempre describir es más fácil cuando se es espectador. Todo indica que poder serlo y estar en casa, prácticar realmente la cuarentena, es un privilegio que nos posiciona en una extraña figura de espectación, de alguna manera vivimos nuestras particulares experiencias y desvelos desde lo más parecido al reality show, una casa teletrabajada con la precencia “mediadora” de una cámara la mayor parte de nuestras horas. Hoy pareciera que somos protagonistas de una película de ciencia ficción. Una realidad que es bastante inverosímil. Para sentirme en la cotidianidad, hay sutilezas que se vuelven absolutamente vitales en medio del encierro, como por ejemplo: despertar con el sonido de algún canto de pájaros, intentar asomar parte del cuerpo para recibir brisa fresca o sencillamente mirar el cielo para ver cuáles han sido sus cambios. Antes de este caos, me astiaba la monotonía sistemática a la que peligrosa y aceleradamente, pensé iba nuestra sociedad. El estallido fue como un halo de esperanza para el reencuentro con otras dinámicas sociales: confluencias, diálogos fortuitos, apoyo desinteresado; mas en pandemia todo se ha vuelto muy confuso. ¿Acaso la restricción de los cuerpos a propósito del miedo biopolítico no es lo más siniestro de enfrentar? El tacto, de tocar y de tratar, es lo que más, a mi parecer, se ha debilitado. Cómo si en el tocarnos ahora se depositara el profundo miedo a la muerte, a caer, a mezclarse con los virus del otro, a salirse de lo correcto.
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