Esos grandes detalles: 92 relatos escritos durante la pandemia
269 Cómo no amar ese café sin prisa en la terraza, tomarme una siesta cuando acababa de almorzar, tomar un libro y quedarme dormida sin darme cuenta. Pero una cosa me entusiasmaba de sobremanera, y era tomar mi bicicleta de noche, escabullirme entre las calles solitarias y ver un par de horas a mi “francés”. Me sentía una absoluta clandestina. Esas salidas se volvieron tan intensamente necesarias que mi verdadera jornada comenzaba cuando el sol se empezaba a esconder y yo podía salir. Hasta ese momento las cosas eran claras en la incertitud, pero cuando en Francia se termina el confinamiento, entonces sí que me empecé a sentir perdida, ya no era ni blanco ni negro. Ahora el comportamiento era con respecto al propio criterio, y cómo evaluaba algo como “criterio o descriterio”, qué agotamiento!!!!! Debo saludar con un buen abrazo a un amigo, o mantenerme a un metro de él, compartir el asensor con otra persona o espero que esté desocupado para subirme sola, eso me tiene cansada, al final prefiero quedarme en casa y seguir disfrutando de mis gatos. Finalmente nada ha cambiado profundamente, pero tampoco es lo mismo que antes, es lo que es, si ha cambiado la percepción de las cosas, algunos detalles se volvieron sublimes y otros banales, pero eso también va a pasar. Hay un cuento chino que se llama “buena suerte, mala suerte, quizas”. Ha sido mi gran inspiración durante la pandemia. Clasificar los hechos como algo positivo o negativo lo veo como una postura rigida, prefiero detenerme en todos los detalles posibles e intento no etiquetarlos, ni buenos ni malos, si necesario, sobre todo necesarios para darnos cuenta de que nada dura para siempre, sino se vuelve monstruoso.
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=