Esos grandes detalles: 92 relatos escritos durante la pandemia
268 deseábamos encontrar el tiempo para dedicarle un momento empezaba a perder su importancia. Al contrario, poco a poco lo que antes era ordinario empezaba a tomar otro valor. Ir a comprar, cruzar a una persona conocida o desconocida en la calle, sentir que esa persona estaba viviendo lo mismo que yo, compartir la misma necesidad de seguridad, angustia, incertidumbre y sobre todo miedo. El miedo ha sido totalmente transversal. Miedo a lo desconocido, en mi caso a la ignorancia y creo que es el caso de muchos. Miedo a este tiempo de soledad que me obligaba a enfrentarme a mí misma. Salir a la calle me daba la sensacion de necesitar comunicarme con los otros pero a la vez un rechazo. Nunca se me paso por la cabeza la posibilidad de contagiarme, que sentido tenía ese estado paranoico. Así dejaba que los días pasaran sin perturbarme, casi dejándome llevar por la corriente. Hasta que entre medio de la pandemia la vida me reservaba una gran prueba. Es en ese momento cuando empecé a valorar la posibilidad que me daba el confinamiento, no salir, no ver a nadie, tomar todo ese tiempo para vivir lo que estaba viviendo. El tiempo se iba deteniendo y el espacio se abría. Ahora se convertía en un preciado regalo. Varias veces me pregunté cómo lo están viviendo los otros, simple curiosidad, pero en el fondo no me preocupaba mucho. Incluso poco me importaba como yo misma lo estaba viviendo. Disfrutaba enormemente esa dualidad del tiempo, si era poco o mucho tiempo el que iba trascurriendo, si ese tiempo estaba bien o mal aprovechado, si avanzaba o retrocedía.
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=