Cuerpos de la memoria: sobre los monumentos a Schneider y Allende

22 contemplada en los presupuestos del concurso y generaba reticencias generalizadas por el simbolismo de reemplazar a Portales por Allende. A lo largo de las cartas, se presentan variadas propuestas en donde se proponía la obra en diferentes lugares de la plaza, encontrándose con resistencias en cuanto al orden arquitectónico de ésta, la armonía del espacio, aspectos técnicos, etc. Finamente el escultor junto al arquitecto proyectista de la plaza propone quitar un obelisco que servía de ventilación, ubicado en la esquina suroriente y agregarle esta función a la escultura. Esta idea la aprueba el Consejo de Monumentos en la sesión del 1 de septiembre de 1999. Conclusiones A la vista de estos dos casos, comparados dentro de los mismos conceptos y entendiendo su distancia temporal, podemos vislumbrar que la producción de monumentos en Chile es una iniciativa que desde sus inicios como proyecto de ley carece de una estructura normativa, por lo que no existe homogeneidad respecto de los elementos prácticos o discursivos con los que se busca cumplir la “demanda” de reconocimiento. Estos elementos en su aparente insignificancia se configuran posteriormente como grandes problemáticas al momento de realizar la obra. Por una parte, la ausencia de un discurso que tenga como motivo dar sentido al concurso abre paso a imprecisiones y valoraciones que pueden terminar en un gusto personal que va más allá de los requerimientos de un monumento. En el caso del monumento a Schneider, en donde la obra está definida estéticamente desde un principio, sin ahondar en el porqué de estas decisiones, termina dificultando la apreciación y reconocimiento por parte de la sociedad civil. Por otra parte, su emplazamiento final parece ser resultado del devenir sucesivo de proyectos que nunca se realizaron a cabalidad, quedando la obra suspendida en un espacio con el que no se comunica. Resultado de ello es que paradójicamente esta escultura que buscaba ser un punto de referencia de identidad con los valores democráticos encarnados en el General mártir, termina siendo una especie de monolito, hoy enclavado en medio de una de las grandes avenidas del sector oriente, con un complicado acceso peatonal y una difícil apreciación desde los automóviles que circulan por el sector. Verónica Figueroa

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