Escultura y contingencia 1959-1973
71 Escultura y Contingencia De hecho, las reminiscencias históricas que manifiestan no significan que carezcan de intenciones precisables o de programas estructurados. Más bien, permiten apreciar que, más allá de los guiones y las ideologías que acompañan habitualmente los movimientos de ruptura y transgresión, la potencia y el coeficiente crítico de sus obras radican en su embriaguez , es decir, en la configuración de una poética en la cual las categorías, las clasificaciones y los aspectos disciplinares –lo apolíneo en todo su esplendor– comparecen zarandeados y remecidos por un conjunto de voluntades estéticas que insisten en aparecer de forma sintomática, diferida y en muchos casos solapada, de manera acorde a la propia vivencia de la modernización en el país y el continente. Debo precisar que la pervivencia en declive del paradigma americanista en escultura me parece indisociable de la ruptura, el quiebre o el agrietamiento de la relación entre arte, tierra y mundo. En efecto, una de las características principales atribuidas a los modernismos latinoamericanos es configurar a través de medios artísticos una imagen de mundo. Pero en escultura, este problema no se da tanto por medio de la imagen, sino a partir de la creación de cuerpos escultóricos que mundanizan la materia, es decir, que la adscriben a una lógica de sentido. Para analizar o leer la compleja trama temporal y figural que los artefactos escultóricos chilenos de los 1960 tejen, es necesario revisitar parte de la historia que les precede y, en particular, las producciones que realizan Samuel Román, Marta Colvin y Lily Garafulic a mediados del siglo. La importancia de estos autores se debe a que constituyen lo que se podría denominar la “gran” escultura chilena, puesto que marcan el punto de mayor consolidación de la disciplina tanto en el ámbito local como en el internacional, inscribiéndose además en las tendencias americanistas que durante los años 1960 serán el aval estético de los movimientos de izquierda en Latinoamérica. Este aspecto no es menor, dado que el proceso revolucionario que despunta requerirá generar un mito de liberación que se oponga a y se emancipe de la densidad y la consistencia histórica del primer mundo.
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