Poéticas de la intemperie

82 Poéticas de la intemperie Javier Mondaca, estudiante de grabado en la Universidad Silva Henríquez, asomándose intencionadamente a las calles bajo la forma de visitante o testigo de mirada nueva, realiza un detallado proceso de documentación mediante fotografía y frotado sobre papel de diversos fragmentos de ciertas calles de Santiago, algunas densamente cargadas de historias de exclusión y secreto, las noches de una calle oscura iluminada por fogatas, estrellas luminosas como barricadas entre siluetas de lo impresentable agitándose cerca de Santa Isabel y a pocas cuadras de la Alameda. Él no conoce detalles y relatos de esa historia pero la intuye en los tímidos fragmentos que se manifiestan en la actualidad. Los días 16 y 17 de diciembre de 2013 realiza una serie de ejercicios de frotado en el perímetro aproximado de 10 de Julio, San Isidro y Carmen, espacio diurno de talleres mecánicos, desarmaduras de autos y prostitución por las noches. Busca pequeños encuadres de su recorrido para registrar. Habíamos hablado de la idea, primero mediante objetos, basura recogida y luego mediante el frotado de traer fragmentariamente la calle al taller. Sin embargo no retira los papeles que han sido fijados para ejecutar el registro, los deja adheridos a la superficie del muro revelando en forma constante la materialidad de su gesto y queriendo ser también piel de las cosas. Frota y deja que en el gesto se dibuje a sí mismo la pequeña saliente de una fábrica de empaquetaduras con la placa de un número que alguna vez signó un domicilio. En la noche los números, lo que eran marcas de autos o algo así pintadas en los muros con rigurosas letras azules se vuelven puro significante, cosas absurdas que algo otro parece enunciar en una lengua de fonemas: racer, pointer, espero, nubia, lamas, matiz, 578…….etc. Un pedazo de cuerda que se asoma de un ahora inútil orificio como indicio de una falla, una insignificante y cotidiana catástrofe material, el frotado al quedar adherido al muro enmarca y nos da a contemplar a medio camino entre el accidente y lo importante esa aparente banalidad de cosa pequeña. Toda porta una clave al tiempo que la esconde, la clave de una matriz ausente, alguna vida invariablemente ausente que pasó por ahí, quizás miró despreocupadamente el muro o lo palpó con la mirada. Aquí no se trata del No ser , sino del No estar . Nada importante quizás. Pero ahí, en el diálogo con

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