Innovar para educar
Introducción La pedagogía se constituye como un acto de lectura de la realidad social permanente que permite establecer una relación dialogante, actualizada, democrática y empá- tica con nuestros y nuestras estu- diantes. La exclusión del carácter reflexivo intrínseco de la pedago- gía nos instala en una relación de deslegitimación con los y las pro- tagonistas del proceso educativo: el propósito del acto educativo carece de sentido cuando somos incapaces de racionalizar la signifi- cancia de la experiencia en nuestra propia vida. Es decir, cuando el aprendizaje no se constituye como motor de la transformación de nuestro entorno, ni de nosotras y nosotros mismos (Suárez, 2010). A partir de la reflexión anterior, surgió la necesidad de repensar desde nuestra especialidad do- cente el sentido de la enseñanza de la historia y de las ciencias so- ciales, y de las formas de proponer, construir y deconstruir el acto educativo de estas materias como un gesto didáctico que tuviera una intencionalidad pedagógica contextualizada. Nuestra intención era poner en tensión la tradicional manera de enseñar estas materias, que concibe el aula como un espa- cio ocupado por estudiantes oyen- tes, receptores de verdades histo- riográficas y políticas, resultado de una selección de conocimientos específicos (procesos, episodios, contextos, grupos sociales, perso- najes y momentos) que no fueron construidos, pensados ni dialoga- dos colectivamente (Pagés, 2003). Entonces, el acto educativo se reduce históricamente a un ejer- cicio de reproducción de saberes que desvinculan los intereses, las necesidades y las experiencias de quienes los reciben. 28
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