Prácticas pedagógicas en la diversidad: III Coloquio de Danza y Educación
les en esta experiencia de escritura, desvela- mientos de las intuiciones-pensamientos que redacté en un resumen para este coloquio con el título: “Lo educativo como espacio vacío: una polética depolarizada. Reflexiones a tra- vés de la danza y la performance”. Aquí estoy. A través de la danza y la performance. La danza y la performance La danza, como práctica artística, en su dispo- nibilidad de una complejidad-cuerpos presen- te en su potencia de estado aún no creado, o lo que aún es futuro 9 . Escribo aquí porque confío en el contexto trans que habilita la danza como espacio político para el desarrollo humano, cuyas experiencias, más que su propio arte –como hemos dicho líneas arriba- son medios de transformación del Ser social. Porqué pensar en el desarrollo humano desde las experiencias que la danza y sus contextos performáticos pueden generar. Una vez más, invaginar hacia el futuro que re- genera todas las voces para contactar la expe- riencia del ser humano, y profundizar los pro- cesos del Ser-mundo, como raza humana. La danza como plataforma de carga, de emisión y actualización de las potencias, de energía transicional que puede expandir el espacio va- cío, apreciando así lo educativo como proceso vital, donde la danza es la movilidad ontológi- ca del sentido innato, de lo aún no existente, y lo pluripotencial. Y lo performático, en lo que llamo vías negativas del conocimiento, una actividad de los órdenes no lineales del gran negativo de lo real (o su ilu- sión). Todo esto, a través del evanescente cuer- po sensible y subjetivo, y la ficción dualista que el arte, en tanto experiencia, depolariza (operak- tion_depolarización). “depolariza” “depolariza” “depolariza” Este preludio es fundamental para compartir porqués del estar en este coloquio de danza y educación. Estoy aquí junto a las voces re- unidas (toda la polifonía de esta publicación, y ustedes), actualizando cosas muy antiguas que a veces olvidamos. Depolarizando el sentido. La educación no se puede habilitar sin la danza como complejidad intersubjetiva del manto- red de los sistemas humanos, en tanto cómo, hoy a través de ella y su performatividad, sin nombrarla, la hacemos y nos hace; en este sentido, la danza como un elixir suprasensible que regresa al pensamiento de cada una en todos los movimientos que trascienden la imagen de lo que puede ser una complejidad- cuerpos. Y entonces recuerdo, cómo a todo lo innombrable (y lo innato), se le dona capacidad de danza, y somos la bailarina cósmica 10 . De alguna manera, este ensayo es una marea invaginal. Todos los movimientos aquí derivan en replie- gues del hacia sí; son fuente y natación del mismo futuro del Sí, danza: como práctica ar- tística, y su experiencia -más no el arte-, como medio de su práctica. Pensando artísticamen- te el desarrollo social sin el artista del arte, juntas como artistas del Ser-mundo. Entonces Lo educativo como espacio vacío 6. ¿Cómo usar la superficie pizarra donde suceden impresiones-captaciones de sentidos-contenidos co-emergentes (relacionales)? Observando su gran potencial performático. 7. Un modelo de educación procesual que vinculaba pensamiento crítico y prácticas de las artes. Desarrolló manuales de uso, facsímiles y pósters. Una iniciativa de la avant-gard del posmodernismo acompañada de las visiones de Marcuse y MacLuhan, con influencias de la Bauhaus y Black Mountain. 8. Lo que alguna vez articulé como un taller que llamé “Coreografía del Documento”, sentido del pensamiento etérico- pensamiento imaginativo; y su condensación a través del mapeo (y justo esto respecto de los post/blueboards, la práctica escritural, y de dibujos de imaginarios corporales). 64
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