Prácticas pedagógicas en la diversidad: III Coloquio de Danza y Educación
dores de hermanos o trabajadores, lo cual mi- nimiza su tiempo disponible para “hacer arte”; b) su situación de vulnerabilidad familiar afec- ta la asistencia constante tanto a la educación formal como a la no formal; c) el capital cul- tural del entorno influye negativamente, pues considera que “el arte no sirve para nada”, no considerando a la danza como una disciplina integral, y menos como alternativa laboral; d) la infraestructura disponible es escasa a nula; e) el alejamiento territorial y sociocultural en- tre quienes desarrollan la danza profesional y estas comunidades, deriva en que los referen- tes dancísticos están también muy alejados, por lo cual una enseñanza que no considere a la cultura local peligra de transformarse en un invisible modo de colonización cultural; y f) los estudiantes desean danzar hoy, no en tres o más años cuando posean cierta expertiz, pues su experiencia en la vulnerabilidad les indica la incertidumbre de proyectarse por un tiempo prolongado en una actividad o lugar. Nuestra metodología de enseñanza de la danza une el paradigma de la Danza Educati- va Moderna (Laban, 1948), con la enseñanza por proyectos. Co-planificamos con los estu- diantes, verificando sus “avances” mediante matrices de progreso que hemos elaborado para los dominios cognitivo/corporal, socio- afectivo, psicomotor y de “gestor de proyec- tos”. Actualmente exploramos la vinculación de la planificación con el Diseño Universal de Aprendizajes (DUA). Estudiantes y profesoras aprenden a danzar, danzando (sí, las profe- soras también aprenden dado que se produce un intercambio de conocimientos profesor-es- tudiante). Se realizan tres proyectos al año, y cada uno es un montaje coreográfico. Comentamos que los contextos de vulnera- bilidad poseen una crudeza que impugna a los métodos de enseñanza, sobre todo a los de disciplinas que han madurado en otros con- textos sociales más “acomodados”. FundArte considera esto como una oportunidad para movilizar voluntades y conocimientos, en pro de la tan ansiada equidad e inclusión educati- va. Planteamos que el método propuesto pue- de ser aplicado con cualquier estilo de danza y nivel del estudiante. A la vez puede desarro- llarse en un corto plazo (meses), o proyectarse en 2, 3 ó 4 años, a modo de plan de estudios. Destacamos que FundArte plantea una es- cuela de danza y no un conjunto de talleres, porque detectó en las comunidades, a pesar del reconocimiento de un constante estado de incertidumbre, el deseo de participar en ins- tancias que se proyecten en el tiempo, en una ruta de crecimiento “modular” por niveles. El concepto del elenco utilizado como estra- tegia de enseñanza fue “descubierto” junto con los estudiantes e implica un juego de ro- les. Desde el primer momento los estudiantes son considerados artistas y bailarines y, por lo tanto, deben comportarse como tales. Se visualiza que este juego posee una épica seme- jante a la de clubes deportivos barriales, donde quien se pone la camiseta sale a la cancha a dar la vida, como si fuese seleccionado nacional. Durante nuestra experiencia, con este enfo- que de roles hemos vivenciado cómo profe- sores y estudiantes, a modo de ensoñación, se abstraen del entorno carente, ingresando en un universo idílico, desde el cual paradó- jicamente emergen resultados objetivamente superiores que los desarrollados sin la locura ensoñadora. 2.3. El proyecto hoy Desde el año 2017 ¡A Danzar! funciona en tres establecimientos educacionales municipales de Recoleta: Liceo A-34, Escuela Puerto Rico y Escuela Diferencial Santa Teresa de Ávila. En 60
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