Prácticas pedagógicas en la diversidad: III Coloquio de Danza y Educación
tos en las comunidades educativas; pérdida de contacto emotivo o desborde de este por parte de la comunidad educativa, situaciones de vio- lencia, falta de sentido en la labor pedagógica, entre muchos otros. Entendiendo las enormes distorsiones que en- contramos en el sistema educativo respecto del funcionamiento de la emocionalidad, se evidencian múltiples dificultades: “Esto ocurre porque la educación intelectualiza la experien- cia, en vez de incorporar la experiencia. Las emociones se relacionan en primer lugar con el cuerpo, y solo después se pueden intelec- tualizar y transformar en conceptos y pensa- mientos” (Casassus, 2007, p.233). Por ende, entender el acto pedagógico como un asunto netamente intelectual, negando su contacto emotivo y corporal, nos aleja de la posibilidad de construir sujetos vinculados y conscientes de sus propios procesos. En el último tiempo, el desarrollo de variados estudios sobre la importancia de la emoción vinculada al aprendizaje ha aportado innu- merable literatura y hoy se reconoce que no existe aprendizaje fuera del campo emocional y a las emociones como antecedente central en el aprendizaje 6 . Desde esta perspectiva, es imposible pensar un verdadero aprendizaje sin el desarrollo de la emocionalidad, por ello: “las emociones debiesen ser una de las finalidades de la educación, posiblemente la finalidad más importante” (Casassus, 2007, p.240). Así es como la instituciones educacionales no solo no favorecen el desarrollo emocional de los alumnos sino que, a la inversa, lo inhiben y de- gradan: “El sistema educativo fue diseñado con el fin de reprimir y negar las emociones, con- virtiéndose así en una institución intencionada y primordialmente racionalista y anti-emocio- nal” (Cassasus, 2008, p.87). Las emociones no han sido abordadas dentro del aula como parte central del aprendizaje y solo son abordadas como aspectos personales, correspondientes a materias desligadas del ámbito del conoci- miento. En definitiva, la emoción está vinculada con el desarrollo intelectual, pero además de eso estamos contenidos en un cuerpo que registra la emoción, sentimos y expresamos a través de nuestro cuerpo: “Biológicamente, las emo- ciones son disposiciones corporales que de- terminan o especifican dominios de acciones” (Maturana, 2001, p.8). Por ello, no podemos abordar el aprendizaje sin tener en cuenta es- tas relaciones, intelecto-emoción-cuerpo, ya que es “El cuerpo donde ocurre y se sostiene el sentir” (Casassus, 2007, p.50) ; en él regis- tramos las múltiples emociones vividas, por ello, su manejo armónico es imprescindible si deseamos tener una verdadera compresión de estos fenómenos. Por tanto, la educación debe incorporar la corporalidad, pero desde esta perspectiva, desde establecer una relación y conexión con el cuerpo, “también se trata de la adecuada habilitación de las capacidades de sentir y registrar el cuerpo” (Aguilar, M., Bize, R., 2018, p.145) , comprender su funcionamien- to y desplegar la capacidad de comunicarse cor- poralmente, ya que es el cuerpo quien expresa, recibe y construye lenguaje y emociones. Otra forma de abordaje, desde la perspectiva corporal, es cómo el cuerpo se constituye en un espacio de derecho desde la perspectiva de género. “El cuidado y conocimiento del cuerpo, la promoción de un lenguaje no discrimina- dor…” (Acuña, M., Montecino, S., 2018, p.12) . Es indispensable construir una educación que deje de lado todas las prácticas normativas y vinculadas con los patrones del patriarcado. Todos estos puntos tratados son parte de un sistema complejo que compone nuestro sis- tema educacional, el cual se encuentra muy alejado de las necesidades y características del 6. Pekrum, R. et al. Emotions, Learning and Achievement in University Students: Longitudinal Studies. AERA, Nueva Orleans, 2000. 54
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