Prácticas pedagógicas en la diversidad: III Coloquio de Danza y Educación
la educación tradicional en sus inicios y que, pese a los esfuerzos por intentar modificarlo en Chile, aún sigue predominando la idea dua- lista: los pensamientos estarían independien- tes del cuerpo: “El cuerpo molesta al hombre; ese cuerpo tiene una desventaja, aun cuando sea considerado como una máquina no es lo suficientemente confiable y riguroso en la per - cepción de los datos del entorno. Lo racional no es una categoría del cuerpo, pero es una de las categorías posibles del alma” (Le Bretón, 2006, p.69). Es desde estas epistemologías que se ha le- vantado la noción de cuerpo que rige nuestra cultura: materia dispuesta, arrojada a las insti - tuciones que terminan por separar al sujeto de su cuerpo, generando un cuerpo lleno de des- igualdades al otorgarle significados de orden ideológico patriarcal, anteponiendo siempre al Hombre como poder, como orden-fálico en todarelaciónsocial. Así, la materialización del género y su sexualidad en el cuerpo responde a esta lógica, y se ve en la mayoría de los esta- blecimientos de educación tradicional. “Consideremos primero que la diferencia se - xual se invoca frecuentemente como una cues - tión de diferencias materiales. Sin embargo, la diferencia sexual nunca es sencillamente una función de diferencias materiales que no estén de algún modo marcadas y formadas por las prácticas discursivas” (Butler, 2010,p.18) . La materialización del género instala cierta valori- zación: el cuerpo del Hombre tiene valor social y el cuerpo de la mujer solovalor de objeto. Marta Lamas (1999) propone que la transmi- sión de la lógica del género y la eficacia con la que este opera se sustenta en el hecho que se encuentra anclada al lenguaje y a la trama de los procesos de significación. “Instalar el prin - cipio de inteligibilidad en el desarrollo mismo de un cuerpo es precisamente la estrategia de una teología natural que explica el desarrollo de la mujer mediante el argumento lógico de la biología. Sobre esta base se ha sostenido que las mujeres deben cumplir ciertas funciones so - ciales y no otras, en realidad, que las mujeres deberían limitarse absolutamente al terreno reproductivo” (Butler, 2010, p.62). Las políticas públicas hoy disponen de los cuer - pos de esta manera: lo reducen ante la razón, y niegan el espacio de conocimiento y experien- cia que este puede ser. La noción que se tiene sobre cuerpo levantada por la filosofía y cultu - ra occidental fundamentada en la de un orden racional como concepto universal, nutrido por el cristianismo y sus concepciones sobre se - xualidad, ponen en un escenario complejo al cuerpo, principalmente el de la mujer. “El sexo no es pues sencillamente algo que uno tiene o una descripción estática de lo que uno es: será una de las normas mediante las cuales ese “uno” puede llegar a ser viable, esa norma que califica un cuerpo para toda la vida dentro de la esfera de la inteligibilidad cultural” (Butler, 2010, p.19). Desde esta perspectiva, es impor - tante indicar que el elemento constituyente de la identidad es el lenguaje, ya que es por me - dio de él que se interpreta aquello que somos. Entendiendo la importancia del lenguaje cor- poral en la producción de identidad de género y que esta construcción responde a la forma en que los sujetos fueron y son socializados, más que al hecho sexual biológico diferen- cial (Stoller y Money 1955, citado en Lamas, 1999), se debe analizar el género no solodesde las diferencias sexuales o biológicas, sino in- volucrando la construcción sociocultural que afecta la producción de saberes que se reali- za desde el cuerpo. Bien define en sus textos Michael Foucault la relación cuerpo-poder al señalar la existencia de un poder determina- do (instituciones, gobiernos, clase económica, etc.) que se encarga de adaptar al sujeto a un 35
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=