La memoria de la educación : historias y obra de galardonados y galardonadas con el Premio Nacional de Educación de Chile

LA MEMORIA DE LA EDUCACIÓN Historias y obra de galardonados y galardonadas con el Premio Nacional de Educación de Chile 60 que en ese período eran parte de la cotidianeidad del proceso de ense anza-aprendizaje: la lógica de “la letra con sangre entra” y la falta de conocimiento o sensibilidad sobre las necesidades educativas especiales de los estudiantes. Ambos aspectos dan cuenta de la prioridad que tenía el docente por sobre el estudiante. Participar del proceso de ense anza era asistir a la conferencia de un experto y buscar aprender de una persona admirada por su conocimiento y su rol social. Quien no aprendía era por su propia responsabilidad. Este aspecto es clave en la historia de Mario Leyton y su posterior interés por la educación y el currículum. Recuerdo que en la escuela todavía se aplicaba mucho la idea de “la letra con sangre entra”. ¿Cómo era? ¿Le pegaban con una regla? Con una regla que tenía hoyitos. Me pegaban en la mano. Juan, mi hermano mayor, que murió, tenía dificultades de aprendizaje, pero nunca se supo qué es lo que tenía. Ahora se sabría de inmediato que eran dificultades de aprendizaje. El director, don Rosalindo, que era el profesor que me enseñó a leer en primer año primario, tenía a mi hermano, que había entrado dos años o un año antes, en el mismo curso. Estaba repitiendo porque no había aprendido a leer y él creía que era por flojera.Yo sufría porque a le pegaba a mi hermano con una varilla, lo llevaba a la oficina y le pegaba en las piernas también. Recuerdo eso muy bien y con mucho dolor porque, además, como yo aprendí a leer, el profesor me ponía como ejemplo: ‘aquí está la cabeza y aquí está la cola del burro’, decía. En ese escenario, Mario Leyton realizó sus estudios escolares. Sin embargo, su educación no estaba asegura- da, dado que su familia estaba compuesta por siete hermanos en un contexto de estrechez económica. Sin embargo, su trayectoria académica se vio beneficiada por el hecho de que su madre y su padre enfatizaban la relevancia de la educación en un entorno que no necesariamente la promovía (“el que no mira para adelante, atr s se queda”, le decían en su casa). Sus docentes también buscaron apoyarlo económicamente, de manera de asegurar sus estudios. El resultado de este esfuerzo por la educación de la familia Leyton tuvo sorprendentes resultados. Adem s de la trayectoria de Mario, su hermano Esteban fue regidor, alcalde, diputado y concejal de la zona, siendo galardonado con la condición de “hijo ilustre”. Fernando, otro de sus hermanos, desarrolló una carrera internacional, alcanzando un puesto directivo en la Unesco. Dos de sus hermanas fundaron un colegio en Rengo, el que actualmente sigue activo. Ciertamente en esta familia se verifica el impacto que tienen que tienenen su posterior desarrollo personal y profesional las expectativas sobre el aprendizaje de los estudiantes. En el marco descrito, Mario Leyton avanzó en su trayectoria escolar, pensando en la educación superior que tendría lugar en Santiago.Al respecto, se abrían dos posibilidades: profesor o abogado. En la misma lógica de altas expectativas, él opta por ambas alternativas. El renguino ya había empezado “el camino del maestro”, el que, como veremos, literalmente, ser muy largo. El camino del maestro El proyecto personal de Mario Leyton requería que saliera de Rengo. Así, se fue a Santiago con el propósito de cursar estudios superiores. Estudió pedagogía en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile. Como varios otros Premios Nacionales de Educación fue alumno del “Pedagógico” en una época dorada de esta ins- titución, situación que él reconoce por la calidad y prestigio de las personas que allí le hicieron clase, dentro de las cuales estuvieron Juan Gómez Millas, Mario Góngora y Ricardo Krebs. Estos profesores -y otros- tenían la condición de ser ampliamente valorados por sus características académicas y por su conocimiento disciplinar. Sin embargo, justamente esta situación llamó la atención de Leyton, cuyo an lisis indicaba que se requería equilibrar el conocimiento disciplinar y el pedagógico. Esta tensión es uno de los nudos permanentes en la formación de profesores hasta el día de hoy. Me di cuenta de que la educación era muy tradicional y sabía que había que cambiar eso. La ense- ñanza de la didáctica era muy teórica. Eso me llevó a pensar que había que estudiar más ese aspecto.

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