Artistas en la industria: los orígenes del cine sonoro chileno
34 “(...) Fue un imán demultitudes que en gran parte volvían a los cines dos y más veces, maravilladas de poder ver por primera vez a tantos de sus favoritos y escuchar sus interpretaciones. Sólo una fracción del público que movilizaba el flamante cine sonoro había podido concurrir a sus presentaciones personales. Los conocían únicamente por fotos, la radio y los discos” (Di Núbila, 1998, p. 73) “Tango!” fue la iniciadora de una serie de películas sonoras latinoamericanas que exploraban en el habla popular, melodramas o comedias que eran matizadas con canciones interpretadas por artistas de moda. Es similar al caso de la segunda película sonora Argentina, “Los tres berretines” (Enrique Susini, 1933), producida por la empresa Lumiton, la cual también se convirtió en un sonado éxito. Protagonizada por los populares actores de teatro Luis Arata y Luis Sandrini, incluyó a cantantes y compositores como Aníbal Troilo, quienes dieron vida a una historia de clases trabajadoras que se alternaba con números musicales. Caso similar, pero a la vez distinto, fue el de Brasil. Desde inicios de los años treinta comienzan a desarrollar películas musicales que gozaron de favorable acogida por parte de los públicos locales: “Había nacido un nuevo género: el film musical brasileño, una mezcla delmusical hollywoodensede losprimerosañosyde lacomediamusical con colorido localista, y que muy pronto fue bautizado con el nombre de “chanchada”, género nacional cuyos principales ingredientes son la frivolidad y la simpleza en un tratamiento de intenciones humorísti- cas” (Schumann, 1987, p. 87-88). Sin embargo, se trata de una instancia excepcional, debido a que el éxito solo se traduce en un mercado local, limitado por la barrera idiomática que expresa con otros países de la región. De esta forma, y durante los primeros años treinta, el cine argentino es el único que tiene el volumen necesario y los estándares técnicos, para llegar a gran parte de los países del continente, logrando un carácter industrial único que el historiador Domingo di Núbila denomina como “época de oro” (Di Núbila, 1998, p. 73). Países como Bolivia, Perú, Colombia, Uruguay, Venezuela o Ecuador, que si bien logran realizar producciones sonoras en este mismo periodo, no contaron con realidades que homologaran los estándares industriales técnicos de otros países, existiendo más bien casos aislados de realización, como “La guerra del Chaco” (1936), docu- mental realizado por el boliviano Luis Bazoberry en el mismo frente de combate, y considerado el primer film sonoro de dicho país:
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=