Cineclubismo y educación

/ 13 surgimiento del Fondart en 1992 y la implementación de la política pública de fomento al cine, iniciada en 1998 y luego la puesta en marcha de la Ley de Cine en el 2005, generan una apuesta de los gobiernos democráticos por apoyar el desarrollo del cine nacional, que tiene efectos positivos es- pecialmente en la producción. Desde comienzos de la década del 2000 se in- crementa la realización de películas, con una diversidad temática y de estilos, signados por estas características. Es así que la lista de películas realizadas en las últimas dé- cadas ilusiona en la conformación de una cinematografía nacional, que por fin, supera los relumbrones fugaces de los años 20 (el cine mudo chileno), de los años 40 cuan- do se funda Chile Films, y del “nuevo cine chileno” de los 60. Pero quienes lean estas líneas se preguntarán dónde pueden ver estas películas. Ellas parecen existir en los comentarios de los críticos, en los resúmenes anuales de los medios, en revistas de internet, y en los medios cuan- do algunos títulos se transforman en pequeños sucesos de cartelera. La mayoría es obligada a abandonar las multisa- las rápidamente, cuando la ortodoxa ley del mercado así lo determina. ¿De qué valió la inversión social que hizo el Estado en apoyar el proceso de creación de muchos filmes, así como la dificultosa empresa de artistas y técnicos que los hicieron posibles, si ellos no llegan a la ciudadanía? La declaración de la diversidad cultural de las Naciones Unidas llama a los países a defender su ser di- PRÓLOGO Cineclubismo y educación

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