Mejorar la educación : aprendizajes desde la investigación educativa
Gabriela Martini 248 provocar. Como señalan diversos autores y diversas autoras, no solo se trata de la integración para alcanzar la igualdad desde el punto de vista jurídico, sino también para la realización y ejercicio pleno de los derechos en un contexto de igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres, y libre de discriminación, que viene siendo la sustancia del marco valórico tras estos mandatos internacionales. Chile los ha ratificado y, por tanto, forman parte de sus obligaciones. Hemos avanzado en el recorrido de esta ruta de los derechos de las personas, de los niños, las niñas, los/as adolescentes y las mujeres, y los valores que subyacen a ellos. ¿Es suficiente para un ambiente libre de discriminación en nuestra sociedad y particularmente en nuestras escuelas? Ciertamente no. ¿Por qué? Porque estamos avan- zando en reconocer que nuestra sociedad es diversa y múltiple (¡por tanto, nuestras escuelas lo son también!), y no está constituida solo por hombres y mujeres, por niños y niñas, sino también por personas, niños y niñas que son, piensan y se sienten de distintas formas; es decir, tienen diversas identidades de género y orientaciones sexuales. Aquí tenemos que detenernos un poco más. Un primer paso consiste hacer la distinción entre sexo y género que desde hace décadas una diversidad de autores y autoras –como el filósofo francés Michel Foucault, en su libro Historia de la se- xualidad o la filósofa estadounidense Judith Butler, en su obra El género en disputa – han puesto en el tapete . En términos sintéticos, el sexo es comprendido como los atributos biológicos que distinguen a un hombre de una mujer (genitales, cromosomas y hormonas) y el género como los atributos socioculturales asignados a cada sexo (construcción simbólica e histórica de lo que es ser hombre y mujer; esto es, roles, estereotipos, conductas esperadas, etc.). Pero eso no es todo, porque también cada individuo significa (entiende y practica) de una forma particular su sexualidad y su género, lo que ha llevado a múltiples autores y autoras a plantear la necesidad de superar lo que se llama sistema binario hombre/mujer o sexo- género , y reconocer la diversidad en la expresión de género (esto es, cómo se ven las personas de acuerdo a las características sociales y culturales asignadas a cada género: femenino, masculino, andró- gino), la identidad de género (esto es, cómo se siente cada persona respecto a sí misma y cómo su cerebro interpreta quién es: mujer,
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