Malestar y destinos del malestar: políticas de la desdicha vol. 1

¿Freud sin malestar? / Pierre-Henri Castel – 29 efecto, aquello capaz de hacer que el mal tome proporciones inmensas no es en abso- luto el hecho de que el hombre sea malvado por naturaleza, pues el mal que él puede hacer sobre la base de sus pulsiones agresivas “bestiales” jamás va tan lejos. Muy por el contrario, aquello capaz de ofrecer al hombre la posibilidad de hace mucho más daño, por mucho más tiempo y en una medida mucho mayor, que cualquier violen- cia física o “pulsional”, se sostiene más bien del hecho de que el hombre sea un ser so- cial y de la dependencia a la que dicha condición lo expone, partiendo justamente de la base de la absoluta utilidad del hombre para el hombre. Entre los seres humanos, el mal es, en esencia, un mal social. Contrástese este punto con aquello sostenido por Bion: “Si se acepta la idea de que el ser humano es un animal de grupo, se resolverán las dificultades que se aprecian en la aparente paradoja de que un grupo es más que la suma de sus componentes”. Y, luego de haber así tomado a contrapié toda meto- dología individualista, continúa: “Tengo la impresión de que en algunos sentidos, al discutir los grupos, Freud no llega a comprender la naturaleza de la revolución que él mismo provocó al buscar la explicación de los síntomas neuróticos, no en el indi- viduo, sino en la relación del individuo con los objetos” 24 . Bion se explica: Freud ha querido deducir el grupo de la transferencia y, sin embargo, sería más preciso decir lo inverso para comprender cómo la transferencia es una cierta forma de grupo o de sub-grupo que se forma al interior de un grupo. Nosotros no sabríamos refutar de mejor manera los prejuicios de Le Bon, de los cuales Freud está impregnado, y, en especial, de la idea de que un grupo se valdría, por principio, de ilusiones ante aquello con lo que no se las puede arreglar. Muy por el contario, existen grupos “de trabajo” y formas de conflicto intragrupo, donde los fenómenos de irracionalidad representan un caso particular. Más profundamente, como lo señala Bion, “Freud ve el grupo como una repetición de las relaciones parciales objetales. De esto se de- duce que, de acuerdo con las opiniones de Freud, los grupos se aproximan a pautas de conducta neurótica, mientras que en mi opinión, los grupos reflejan pautas de conducta psicótica.” 25 . Una consecuencia decisiva de este enfoque alternativo es que es necesario ir más allá de la simple extensión edipiana de la pulsionalidad individual que describe Freud y que se establece en Tótem y tabú y, después, en El malestar donde se agregan las invenciones del superyó y de la pulsión de muerte. Hay que llegar a pensar que incluso el Edipo presenta componentes más elementales que, por composición, lo producen bajo ciertas circunstancias, donde la verificación sugerida por Bion para esta hipótesis es la posibilidad de explicar otros tipos de grupos – pero, también, la disyunción de las unidades grupales – distintos de los estudiados por Freud. Éste noma de México, 1983), 260. 24 Bion, Experiencias , 107-108. 25 Ibíd ., 147.

RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=