Malestar y destinos del malestar: políticas de la desdicha vol. 1
¿Freud sin malestar? / Pierre-Henri Castel – 27 Aúnmás: Freud se pregunta por qué la especie humana es la única que se encuen- tra involucrada en el combate por la cultura, respondiendo que él no lo sabe. Pero resulta muy extraño llegar a plantear dicha cuestión, como si ella fuere susceptible de una respuesta; momentáneamente puede ser inaccesible, diría Freud, sugiriendo que podríamos, en lo sucesivo, llegar a dar con una explicación bajo los términos de un destino natural de nuestra especie, en medio de todas las otras, cuando es en esto que se encuentra la definición misma de lo humano. El hecho que Freud considere que se podría saber algo semejante (salvo que, desafortunadamente, uno no lo sepa) resulta bastante elocuente. Pero esta misma interrogante es el testimonio del equívoco que, desde un prin- cipio, afecta la idea de Kultur : ¿su concepto apunta a elucidar el proceso de homini- zación del hombre, o bien aquel de su humanización? Si se trata de hominización, entonces el proceso es más bien natural, donde lo contrario del hombre sería el ani- mal del cual este se desprende mientras continúa la serie biológica a la que él –en tanto miembro del género homo – sigue perteneciendo. En tal sentido, la historia del género homo sólo puede ser aquella contenida en el despliegue a-histórico de sus virtualidades naturales –la religión, el orden político, etc., a las cuales Freud se refiere, siguiendo un estricto naturalismo, como si fuesen realizaciones compara- bles a la capacidad de las abejas para construir colmenas. En revancha, si se trata de humanización, entonces el proceso es intrínsecamente cultural o civilizatorio, donde lo contrario del humano ya no es el animal sino lo inhumano y donde, con- secuentemente, sólo el hombre puede ser inhumano, no así el animal. No obstante, en tal caso, es también el hombre en sociedad el que produce al hombre individual o, dicho de otro modo, quien lo individualiza. Aquello que se llama un “individuo” no es tal o cuál organismo individual, tal o cual mónada biológica atravesada por los efectos de las pulsiones de la vida y de la muerte. Es, más bien, un mundo de funcio- namiento psicosocial –propio de las sociedades individualistas– que hace del “yo” un valor supremo. Evidentemente, Freud funde ambos planos –de hominización y de humanización–, colocándolos el uno sobre el otro en un proceso de “devenir- hombre” donde la idea de Kultur continúa siendo ambigua 20 . De lo anterior se desprenden contradicciones, de las cuales Freud estuvo al tanto pero con las cuales declaró no saber qué hacer. Así, ante la pregunta por los orígenes 20 Es necesario calcular el poder de seducción de este modo de pensamiento tan radicalmente natu- ralista, donde aquello que aquí distingo como hominización y humanización no serían más que un único y mismo proceso, en razón de lo cual Freud se ha vuelto tan atractivo en ciertos sectores del naturalismo cognitivista contemporáneo. Para ellos, Freud habría presentido el camino a seguir; y el psicoanálisis, como pseudo-ciencia, sólo sería el producto infeliz de una ciencia —y de una teoría de la evolución— cuyos medios eran demasiado limitados para el ambicioso y legitimo proyecto freudiano. Cf. Patricia Kitcher, Freud’s dream. A Complete Interdisciplinary Science of Mind (Cambridge: Bradford Books, 1995).
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