Malestar y destinos del malestar: políticas de la desdicha vol. 1

Estrategias estatales de psicologización de la política / Horacio Foladori – 179 intento una y otra vez. Entonces, ¿cuáles son las formas de reparación que se esta- blecen? En contados casos se restituyen los bienes expropiados; en muchos otros, se otorgan beneficios sociales (acceso a salud, pensiones, atención psicológica, etc.). Mas sólo en una fracción minoritaria de los casos la reparación económica permite “salvar” la situación. ¿Se pretende comprar silencio o pasividad por esta vía? En el fondo, se espera que sean los organismos de Derechos Humanos y las ong las que, a través de sus servicios psicológicos, colaboren en procesos terapéuticos de patologías generadas a partir de las situaciones de persecución y de exclusión social. Así, la estrategia estatal supone un doble desplazamiento: en primer lugar, se re-etiqueta todo perseguido político como afectado de secuelas psicológicas, las que deben ser tratadas; en segundo lugar, un fenómeno que fue social, y por tanto gru- pal, aparece siendo abordado a través de una vía individual. Esta estrategia, humi- llante y productora de culpa personal, se realiza a partir de una herramienta que es la victimización de las víctimas 3 , vale decir, la institucionalización de las víctimas del terrorismo de Estado como una forma de recuperar y normalizar al grupo de vícti- mas que había asumido cierta actividad combativa en el plano social. A través de la victimización se produce un tercer efecto: la desmovilización, ya que la víctima, por definición, ocupa un lugar pasivo en la relación, siendo despojada de toda responsa- bilidad deseante de su lucha. Nuevamente, estamos frente a un proceso político que rápidamente pierde su origen y referentes para transformarse en un problema psicológico. La reparación social y política está mayoritariamente ausente; en su lugar, se instala un abordaje individual de problemáticas sociales contingentes – a través de asistentes sociales –, y sobre todo la reparación psicológica, la que a su vez se diluye en la burocracia es- tatal de dispensarios, consultorios, y fichas de servicios variados. Las víctimas, ahora – con carnet en mano –, van a ser reconocidas como tales eternamente, como tantas víctimas más del proceso de explotación y marginación socio-político. Se diluye así, incluso, la especificidad de la víctima, ya que no hay nada particular que diferencie a esta víctima de otra que el sistema capitalista haya generado (víctimas de la desocu- pación, de la falta de vivienda, del analfabetismo, etc.) a través de la marginación social. En el ámbito de la educación El espacio escolar abarca gran parte de la actividad de los niños que concurren a la es- cuela. Últimamente, la gestión escolar se ha instalado en el centro mismo de la cues- tión del aprendizaje; ya que se trata de un espacio laboral, el managment interviene 3 Horacio Foladori, “Algunos mecanismos de la victimización”, en G. Kazi (comp.) Subjetividad y contex- to. Matar la muerte (Buenos Aires: Madres de Plaza de mayo, 2009), 43-48.

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