Malestar y destinos del malestar: políticas de la desdicha vol. 1

158 – malestar y destinos del malestar Políticas de la desdicha Una primera respuesta a la pregunta sobre la pasión por las marcas sería que ella simplemente reposaría en la identificación colectiva. Se sabe que, por ejemplo, los adolescentes buscan vestirse como sus amigos; entonces, el contagio identificato- rio funciona automáticamente a partir de un ideal lanzado por la publicidad: si tal vedette a la moda para los teens viste tal jeans, los otros harán lo mismo. Gracias a un márketing enfocado sobre las estrellas, el mecanismo de la identificación colec- tiva a un Ideal del yo común será suficiente para difundir la marca en una clase de individuos ya colectivizados por instituciones. Se podría, así, invocar la teoría de la ideología por la interpelación de Althusser 14 . Sin embargo, no podemos contentarnos con explicaciones demasiado y exclusi- vamente sociológicas, donde se ignora el cimiento pulsional y fantaseado de la pasión por la marca, al cual nos introducirá un abordaje psicoanalítico de la moda, de la vestimenta y de sus accesorios. El fetichismo masculino del botín o de la ropa inte- rior, descrito en siglo xix por Binet, inspiró la teoría freudiana del fetichismo. Este, como se vio, consiste en elevar “un monumento” a la castración, encarnando el falo de la madre en un objeto de la realidad, es decir, un objeto puramente simbólico en la medida que jamás existió fuera de la creencia infantil. El destino de esta creencia, común a los dos sexos, difiere no obstante en lo que sigue. El niño no puede renunciar fácilmente a ella, ya que ella protege la relación narcisista con su pene: tanto como su madre conserve su falo, en la misma medida su pene estará protegido. Por ello la prevalencia del fetichismo en el hombre. Freud recuerda que una cierta dosis de feti- chismo es incluso normal en el amor masculino. Este sólo deviene patológico cuan- do el sujeto elige al fetiche en desmedro del objeto amado: por ejemplo, se interesa únicamente en los botines y no en la mujer que los calza 15 . El fetichismo masculino “normal” adora los objetos portados por la bienamada, un pañuelo con su perfume, 14 Sugerimos, entonces, que la ideología “actúa” o “funciona” de tal suerte que “recluta” sujetos entre los individuos (los recluta a todos), o bien “transforma” a los individuos en sujetos (los transforma a todos) por esta operación bien precisa que llamamos la interpelación, la cual se puede representar mediante el tipo mismo de la más banal interpelación policiaca (o no) de todos los días: “¡eh, us- ted, ahí!”. Si suponemos que la escena teórica imaginada pasa en la calle, el individuo interpelado se da vuelta ante la interpelación. Por simple conversión física de 180 grados, el individuo deviene sujeto. ¿Por qué? Porque reconoció que la interpelación se dirigía “bien” a él y que “era bien él quien era interpelado” (y no otro). La experiencia muestra que las telecomunicaciones prácticas de las interpelaciones son tales que, usualmente, la interpelación jamás falla en dar con su hombre: llama- do verbal o chiflido, el interpelado reconoce siempre que era bien él a quien se interpelaba. Es, no obstante, un fenómeno extraño que no se explica por sí sólo, pese al gran número de aquellos que “tienen algo que reprocharse”, mediante “el sentimiento de culpabilidad”. Louis Althusser, “Idéologie et appareils idéologiques d’État”, en Positions (1964-1975; Paris: Les Éditions Sociales, 1976), 67-125. http://classiques.uqac.ca/contemporains/althusser_louis/ideologie_et_AIE/ideologie_et_AIE_tex- te.html 15 Alfred Binet, Le fétichisme dans l’amour (1887; Paris: Payot, 2001).

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