Malestar y destinos del malestar: políticas de la desdicha vol. 1

102 – malestar y destinos del malestar Políticas de la desdicha en los dispositivos de la enfermedad mental , en el encierro o el manicomio, siempre hubo cotidianeidad, presente –por ejemplo– en la preocupación por los horarios y los quehaceres cotidianos, en esa regulación fina de la actividad social que Goffman describió como instituciones totales 23 . Sin embargo, se trataría de una cotidianeidad excesiva, donde la táctica queda reducida a su mínima expresión. Se trataba de un cotidiano que, siguiendo a Foucault 24 , requería de la separación de ciertas especies de individuos, y en torno a ellos, el ojo vacío del panóptico que los vigilaba. En cam- bio, la cotidianeidad a la que llega la salud mental con su inclusión en la atención primaria no requiere una estrategia del detalle sino llegar, precisamente y con cierta vocación naturalista, a lo más banal de lo cotidiano, a la vida misma, concreta y te- rrenalmente situada, de la gente común. Como bien lo apunta Elias 25 , no hay que usar el concepto de lo cotidiano para oponerlo simplemente a la estructura social y sus determinaciones. La vida cotidiana es el espacio de lo rutinario, y en ella se ponen en juego las normas y formas de vida naturalizadas en ciertos órdenes de poder 26 . Lo cotidiano es, en efecto, el núcleo de la reproducción micro-política del orden social. Pero también es el espacio de la transgresión, de la aparición de aquello que suspende la cadena de evidencias para poner en cuestionamiento lo que se tenía por ordinario y re-integrarlo a un nuevo mundo de certezas compartidas. Aquella sería la faceta productora de lo cotidiano. Se trata de momentos donde las líneas de fuerza definidas por la estrategia pesan sobre las posibilidades inventivas de las tácticas, así como de otros instantes en que será al revés. Habría que agregar que la voluntad política de llevar la salud a lo cotidiano im- plica un uso peculiar de aquel espacio: lo cotidiano se transforma en un campo esta- dístico, mientras que las intervenciones de los técnicos impactarán esas estadísticas sin una correlación unívoca. De ahí que, enfatizando el bienestar, la política de salud (mental) implica un enfoque que virtualiza la enfermedad, situándola como un po- tencial inscrito en diversas dimensiones de la vida ordinaria. Al crear un campo de acción de la política de salud mental, la cual focaliza su labor en los inputs que varían los comportamientos de una población inscrita en un espacio territorial definido, el Estado ubica a los equipos de trabajo en una relación social con territorios, enten- didos éstos como masas poblacionales. Si esa relación se privilegia, como se apuntó 23 Erving Goffman, Los momentos y sus hombres: textos seleccionados y presentados por Yves Winkin. (Bar- celona: Paidós, 1991). 24 Foucault, Seguridad . 25 Norbert Elias, “Apuntes sobre el concepto de lo cotidiano”, en V. Weiler (Comp. y Trad.), La civilización de los padres y otros ensayos . (Bogotá: Editorial Norma, 1998). 26 María José Reyes, “Vidas cotidianas en emergencia como campo de la investigación social”. Presen- tación en Coloquio Vidas cotidianas en emergencia: territorio y habitantes . Santiago de Chile, mayo de 2014.

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