Malestar y destinos del malestar: políticas de la desdicha vol. 1

100 – malestar y destinos del malestar Políticas de la desdicha te definirá en lo específico sus contenidos. O tal como lo plantea Chama 16 , después de reconocer el derecho a la salud hay que preguntar, ¿quién establece los criterios de lo saludable? ¿De lo mental? ¿De los límites entre salud y salud mental? Allí, la primera paradoja es que la acción del Estado implicará la burocratización de la rela- ción de protección implicada en la salud, es decir, la constituirá como una relación universal en función de las limitaciones de eficacia y eficiencia de la política pública. En esa burocratización y en función de los recursos estatales 17 , se pone en juego el sufrimiento de los trabajadores de la Salud, enfrentados a la precariedad en distintos frentes 18 , así como la mantención de una des-oída de las demandas que sus usuarios traen 19 . En ambos lados del proceso, la lógica de gestión neoliberal supone formas de des-subjetivación, trabas para poder reconocer o ser reconocidos en su trabajo o en sus demandas, así como efectos de tensión entre la necesidad de un trato singulari- zado y la homogeneización derivada de dicha exigencia universal. En ese contexto surge otra paradoja, ahora en la relación Estado-territorio. Por una parte, la lógica de la gestión de salud en el Estado es necesariamente universali- zante, burocratizada y, por tanto, organizada para su seguimiento y evaluación. Por otra, la salud mental supone una relación con los territorios y los usuarios basada en la desaparición de la enfermedad mental como categoría básica (con sus efectos indi- vidualizantes y hospitalocéntricos), lo que en parte ha permitido relativizar el énfa- sis en la prevalencia por un énfasis en la prevención, en tanto concierne a un sector de atención territorialmente definido. En otras palabras, la salud llega a un terreno que, hasta entonces, era propiedad exclusiva de la asistencia social, integrando a estos profesionales –así como a los psicólogos– en la atención primaria, entendida como espacio de emergencia de demandas de salud mental. La paradoja se produce en la oposición entre la cotidianeidad de un territorio y sus habitantes, y la universalidad que se traduce en exigencia sobre la gestión de la salud de ese territorio. La pregunta que se impone es si acaso las condiciones de la cotidianeidad, invocadas por la salud mental como enfoque, pudieran funcionar sintomáticamente en la relación Estado- Territorio, en tanto aquella obligaría al establecimiento de relaciones singulares en- tre los mediadores de la política pública del Estado y los habitantes de los territorios 16 Mónica Chama, “Psicoanálisis y salud mental o la renuncia a saberlo todo”. Tesis Psicológica , nº 7 (2012): 76-81. 17 Que, no hay que olvidarlo, obstaculiza a su vez la crítica de la carencia de recursos. 18 Cf. Claudia Araya, “Hay que arar con los bueyes que se tienen: Servicios Públicos y salud mental”. Persona y Sociedad 15, nº 3 (2001): 79-98; Horacio Foladori, “Sufrimiento institucional: el burn-out en los equipos de salud”, en Alejandro Bilbao y Ignacio Morlans (dirs.), Duelo, pérdida y separación: figuras del sufrimiento humano (Valparaiso: Ediciones Universitarias de Valparaiso, 2010), 179-188. 19 Ximena Saffie, Pacientes (poli)consultantes a la Atención Primaria de Salud: análisis de la policon- sulta en un Centro de Salud Familiar desde la teoría psicoanalítica (tesis de Magíster, Universidad de Chile, 2012).

RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=