Malestar y destinos del malestar: políticas de la desdicha vol. 1

De la salud como gestión y las posibilidades de lo cotidiano / César Castillo – 99 suplementaria en los dispositivos de salud mental. Esta regulación suplementaria permite explicar la compatibilidad de dispositi- vos formulados en torno a la enfermedad mental y a la psiquiatría clásica, en conjun- to con dispositivos que toman por objeto a la salud mental desde lo biopsicosocial. Allí, se puede comprobar la complementariedad de dispositivos disciplinarios , cen- trípetos, detallistas, en espacios cerrados, con dispositivos de seguridad 12 , centrífugos, moduladores y de espacios abiertos. En estos últimos se inscribirían los dispositivos de salud mental, su organización en torno al eje prevención-promoción, su inclu- sión en espacios más cercanos al territorio como la atención primaria, y su énfasis en la multidisciplinariedad del abordaje, que ponen en el margen, pero sin excluir- los, dispositivos como el encierro psiquiátrico, la farmacología o la misma psicote- rapia. Aquí respondemos a una pregunta anterior, ya que si no se puede hablar de salud mental en dictadura, se puede apuntar a la imposibilidad –descrita por Galen- de 13 – de efectuar una fragmentación cuando se trata de salud mental : en ella sería imposible encontrarse simplemente reconduciendo la mirada al cuerpo, haciendo clínica en el sentido clásico apuntado por Foucault 14 , sino que hablar de salud men- tal siempre va a implicar hablar del cuerpo social que le hace de contexto a cierto estado de bienestar . En dictadura hubiera sido imposible sostener la hipótesis de que la salud mental obligaría a efectuar un giro hacia las condiciones sociales. Por ello, en la democracia neoliberal se suma a la preocupación del Estado por la salubridad del cuerpo biológico individual, una preocupación por el cuerpo social inscrito en un territorio en tanto modulador de los cuerpos individuales, sus libertades y sus movimientos. De esta manera, lo que el neoliberalismo requiere de la democracia sería la posibilidad de producir dispositivos que, en su regulación, integren los espa- cios claves en la constitución de la subjetividad, como son lo cotidiano, lo íntimo, lo barrial, los cuales son precisamente supuestos en el énfasis primario, preventivo y biopsicosocial que adquiere el enfoque de la salud mental en la actualidad. En este movimiento se producen ciertas paradojas, pues si bien el reconocimien- to del derecho a la salud, en tanto derecho universal, permite sostener cierto nivel de integración social y un consecuente efecto de auto-respeto en los individuos, sobre el plano que Honneth entiende como la esfera jurídica del reconocimiento 15 , aquel puede actuar en tanto premisa de ciertas acciones del Estado, pero no necesariamen- 12 Michel Foucault, Seguridad, territorio, población: curso en el Collège de France 1977-1978 (Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2004/2006). 13 Emiliano Galende, Psicoanálisis y salud mental. Para una crítica de la razón psiquiátrica (Buenos Aires: Paidós, 1990). 14 Michel Foucault, El nacimiento de la clínica: una arqueología de la mirada médica (1963; Ciudad De Mé- xico: Siglo XXI, 2001). 15 Axel Honneth, La lucha por el reconocimiento. Por una gramática moral de los conflictos sociales (Barcelo- na: Crítica, 1997).

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