Hablar, persuadir, aprender: manual para la comunicación oral en contextos académicos

24 HABLAR, PERSUADIR, APRENDER 3. Movimiento, gesto y sonido: más allá de lo verbal en la comunicación oral académica En un acto de comunicación oral —ya sea una defensa de tesis, la presentación de un trabajo final o de una ponencia en un congreso— se conjugan diferentes formas de transmisión y negociación de significados. Por una parte, hay un discurso verbal, es decir, lo que se dice a través del lenguaje hablado. Por otra parte, hay una gran cantidad de información que se transmite a partir de lo que se ha denominado “discurso visual”: aquel que se construye a partir de imágenes, como fotografías, dibujos u otros, o a través de artefactos multimodales como gráficos, figuras, tablas, entre otros. Las imágenes son muy relevantes en la construcción del conocimiento científico y académico (Rowley-Joliver, 2002): ellas funcionan muchas veces como abstracciones de fenómenos complejos que resultan difíciles de transmitir a través de las palabras, o bien permiten sintetizar y organizar resultados cuantiosos. Adicionalmente, hay significados que no son transmitidos ni a través de las palabras ni a través de imágenes, sino a través del comportamiento de la oradora u orador, es decir, lo que típicamente se ha denominado “comunicación no verbal”. La comunicación no verbal incide en la manera en que interpretamos los diferentes mensajes verbales. Un estudio realizado por Mehrabian y Ferris en 1967 puso de relieve que el 93% de los significados que se comunican en una interacción provenían de elementos transmitidos a través de manifestaciones no verbales. Aunque estos resultados fueron refutados, nuevos hallazgos apuntaron a una cifra del 66%, lo que de todas formas muestra la relevancia de la comunicación no verbal (Burgoon, Guerrero & Floyd, 2010). Cada vez que nos comunicamos con otros en una interacción o en una presentación oral, estamos utilizando una gran variedad de recursos para transmitir significados. Las audiencias realizan una construcción semiótica a partir de esta variedad de elementos sin dejar nada fuera de su interpretación. En términos de Watzlawick, Beavin & Jackson (1981), uno de los axiomas de la comunicación se refiere la imposibilidad de no comunicar. Todo lo que decimos, pero también las pausas, gestos y silencios, son mensajes que contienen información comunicativa. La comunicación no verbal ocurre siempre, ya sea si hablamos o nos quedamos en silencio, si nos movemos o no. Se trata de los comportamientos (diferentes de los propiamente verbales) que crean significados compartidos entre las personas que interactúan (Hale, 2003 en Burgoon et al., 2010). Es todo aquello, excepto las palabras, que usamos en una interacción cara a cara: expresiones faciales, contacto visual y los artefactos que acompañan la comunicación como la ropa o accesorios (Greene, 2003). La comunicación no verbal sirve a diversas funciones, entre ellas, la conformación de impresiones y la expresión de la propia identidad. En efecto, por una parte, direcciona la manera en que las personas se hacen una primera impresión de otras y permite transmitir lo que creemos que somos, a la vez que entrega información respecto de nuestra personalidad e identidad: edad, identidad étnica, estatus socioeconómico, entre otros (Burgoon et al., 2010). Existen diferentes formas de transmitir significados en una presentación oral: palabras, gestos, movimientos, entre otros. Poyatos (2003) identifica tres sistemas que operan conjuntamente en la comunicación: el del lenguaje, el paralenguaje y la kinésica. El lenguaje se refiere a las emisiones verbales (construcciones sintácticas, léxico, etc.), mientras que el sistema paralingüístico se refiere a las cualidades fónicas o sonidos que acompañan el habla (tono, timbre, intensidad, etc.). La kinésica, por su parte, se refiere a los gestos, movimientos faciales o corporales. Todos estos elementos permiten entregar pistas a la audiencia para interpretar los discursos que son emitidos oralmente. Por ejemplo, en ocasiones, la ironía de una expresión solo puede reconocerse como tal gracias a la entonación (paralingüística) con la que el contenido verbal es pronunciado y ciertos gestos con los ojos y las manos (kinésica) que colaboran con su desambiguación. Así, el volumen, las pausas o los movimientos con las manos permiten a la audiencia identificar los puntos especialmente relevantes de la presentación, comprender cuándo la oradora u orador está cerrando su presentación (porque la velocidad y el volumen decrecieron) y hasta contagiarse del entusiasmo con el que se comunica un discurso oral. La comunicación no verbal tiene un rol fundamental en el establecimiento de relaciones interpersonales entre quienes están participando de una interacción oral. Para Watzlawick et al. (1981) es posible identificar un nivel de contenido y otro de relación en toda comunicación. Es decir, cuando se comunica algo a alguien también se transmiten significados que enmarcan el tipo de relación que se está estableciendo entre los interlocutores e interlocutoras. Estas relaciones pueden ser simétricas o asimétricas. Así, en una defensa de tesis, existe una relación asimétrica entre quien presenta su defensa y la comisión evaluadora que está en una situación de poder. Estas asimetrías serán comunicadas de múltiples formas verbales y no verbales. Asimismo, cuando la oradora u orador subestima a su audiencia, también lo comunicará a través de gestos, expresiones o posturas.

RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=