Desvelos en el alba
glos ante el cual el alma se humi– lla y tiembla. Tremaba el órgano el bosque de sus notas. Irradiaban de luces los vitrales y se unían allá arriba, como las acordes oraciones de los fieles, las empinadas líneas de las columnas góticas. Veinticuatro horas de Toledo. Pocas he vivido de igual inten– sidad. Se escurren los meses, se olvidan los años y pasan vacíos. He aquí que un solo día llega, en que se siente en los labios sabor a eter– nidad. Galicia, Agosto 13 de 1925. EsTA mañana, el silbato del tren me ha despertado frente ) 103 (
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