La producción de música popular en Chile

realmente no vende. Yo poseo una disquería y tengo comunicación con otra gente, así que sé perfectamente las cosas que se venden, salvo escasas excepciones como son los ídolos que triunfan en Viña del Mar, y que evidente­ mente son un producto; son un producto que viene general mente de Europa o de Estados Unidos, y son los hits vera niegos. En cuanto a lo económico, hay una falta de poder adquisi­ tivo muy grande. 0 sea, nosotros no podemos pedir a los pobladores de la Pincoya, de San Gregorio, de San Rafael o de Pudahuel, que son la mayoría de los habitan­ tes de Santiago, que vayan a comprar un disco si en este instante no tienen azúcar para el desayuno. Entonces de pronto dicen: este es el éxito de venta. Es verdad, es el éxito de venta para un pequeñísimo sec­ tor. Pero, realmente hay una gran cantidad de personas que no tiene y no va a tener, por lo menos en un tiempo más, dinero para comprar un disco; sino que primero ten­ drá que ver cómo vive, cómo paga su arriendo, su agua y todo ese tipo de cosas. Hay una falta de poder adquisi­ tivo muy grande. El Departamento de Derecho de Autor, a que aludía Scottie Scott, ha servido en estos últimos 12 años, como una par cela de algunos señores dirigentes de los compositores, de organizaciones absolutamente fantasmas, los cuales

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