Hablar, persuadir, aprender: manual para la comunicación oral en contextos académicos

10 HABLAR, PERSUADIR, APRENDER que decir sobre un tema es fundamental para nuestro aprendizaje, especialmente si estamos conversando con una persona que sabe más del tema. Aprendemos gracias a este dar y recibir propio de las conversaciones, que ocurren tanto cara a cara como a través de redes sociales. Hasta el simple acto de tratar de formular una buena pregunta nos ayuda a aprender. ¿Cuántas veces hemos hecho una pregunta solo para recibir una mirada confundida y el pedido de que expliquemos lo que queremos preguntar? Para reformular la pregunta, se debe reflexionar sobre lo que necesitamos saber y sobre la información que necesitamos darle a la otra persona para conseguir una buena respuesta. Este proceso de reflexión nos obliga a prestar mayor atención y quizá buscar más información (gracias a lo cual aprendemos más) no solo sobre el tema, sino también sobre cómo comunicarlo. Cuando uso la expresión “hablar a través del currículum”, mi intención es que se imaginen las diversas formas en las que pueden usar el habla y su contraparte, la escucha, para aprender más y mejor en la sala de clases sobre cualquier tema, en cualquier nivel. Piensen en las niñas y niños de educación primaria que conversan entre sí sobre las pequeñas plantas que intentan hacer crecer en algodones a medida que las ven desarrollarse diariamente. O en los equipos de debate en los que adolescentes presentan sus argumentos para defender sus puntos de vista en clases de Historia o Educación Cívica. Piensen en las niñas y los niños de diez años que trabajan en grupos de tres o cuatro para crear obras de teatro para su clase de Lengua y Literatura. O en un grupo de estudiantes universitarios que trabajan juntos en un laboratorio o que realizan trabajo de campo para un simposio de investigación. En cada una de estas situaciones, cada persona tiene el desafío de hacer aportes a la discusión o al proyecto creativo a través del lenguaje. Todos escuchan y aprenden del resto. Es más: a través de las interacciones orales, cada estudiante aprende no solo sobre el tema que está estudiando, sino también sobre cómo articular el lenguaje de forma persuasiva e interesante para el grupo y para sus docentes. Además, todas las situaciones descritas plantean la oportunidad de que otros modos lingüísticos comunes (la lectura y la escritura) sean parte integral del trabajo: Además de hablar y escuchar, las niñas y niños de diez años que planifican la obra de teatro deben escribirla y leerla; el debate del grupo de adolescentes no está constituido únicamente por sus expresiones orales, sino también por sus apuntes y discursos escritos que se vuelven parte de un texto común al que todos pueden referirse; cuando las niñas y niños conversan sobre sus plantas, también miden su crecimiento, toman apuntes por escrito, dibujan, toman fotos o escriben pequeñas descripciones diarias de las plantas que después pueden presentar a su curso; por su parte, un grupo de estudiantes universitarios diseñarán un póster con palabras, gráficos y/o fotos de sus investigaciones o quizá una infografía digital para su simposio, y se prepararán para para hablar cuando sus evaluadores u otros visitantes se acerquen. Como se puede ver en los ejemplos, en el proceso de aprendizaje entran en juego múltiples modos lingüísticos. Además, si se imaginan a las y los estudiantes en estas situaciones de aprendizaje, se darán cuenta de que el espacio de aprendizaje fomenta el movimiento. El centro de atención se desplaza a medida que se habla y se demuestra lo que se ha aprendido en el diálogo. Este modelo de aprendizaje es cinético, ya que se usa el cuerpo: se gesticula con las manos, se expresa con la cara y se gira y mueve el cuerpo cuando se cambia el foco. Se trata también de una actividad colaborativa, en tanto se forman y modifican pequeños grupos y las conversaciones aportan al análisis y esfuerzo por entender de cada persona. ¿Y dónde está la profesora o el profesor en este espacio adaptativo y de focos múltiples? Me gustaría decir: “¡En todos lados al mismo tiempo!”. Pero lo que realmente quiero decir es que la profesora o el profesor —la figura de autoridad oficial— intenta ser consciente del aprendizaje colaborativo que sucede en todos los rincones del espacio. De este modo, posiblemente se mueva de un grupo a otro con el objetivo de escuchar sus conversaciones, asegurarse de que todas y todos tengan la oportunidad de participar y, a veces,

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